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Impactos de las minicentrales hidroeléctricas

Impactos de las minicentrales hidroeléctricas

No ha muchos años, una ardilla podía atravesar la península ibérica sin tocar el suelo.

  • Todos hemos escuchado esta afirmación que evidencia lo que fue  este país. Un paraíso natural lleno de robustos y saludables bosques. Hoy, gracias a los avances de la técnica, todos podemos hacer un vuelo a vista de pájaro sobre la península sin movernos de la mesa ni dejar de mirar la pantalla del ordenador. La realidad es que deforestación que ha sufrido nuestro país es ciertamente grave y observable a simple vista.

    A cambio de tal fenómeno, hemos construido en nuestra historia, armadas vencibles y cientos de miles de toneladas de papel, muebles, etc. No vamos a poner en una balanza los factores positivos del fenómeno contra sus impactos ambientales, pero tampoco vamos a negar que, junto a la exigencia de una política forestal adecuada, hay factores de modernización de este país que no hubieran sido posibles sin esta “erosión”.

    Pero existen otras erosiones, otros impactos, más desconocidos, más sutiles, más invisibles, pero no menos perniciosos; y posiblemente mucho menos justificables.

    Nos queremos referir hoy a la creación de energía eléctrica a través de “pequeñas” instalaciones situadas en las cabeceras de casi todos nuestros ríos de montaña. “Minicentrales” las llaman, sin duda para referirse a la “escasa” capacidad de generación; y, al mismo tiempo, estamos seguros, con la intención de tratar de quitar importancia o minimizar los impactos que las mismas producen al medio natural.

    La estrategia de minimización de sus impactos tiene también otras facetas no menos perversas como son el intento de transmitir la idea que la “energía minihidráulica” es una energía “verde”, “renovable”, y que supone un “uso no consuntivo” del agua.

    Para analizar estos eufemismos trataremos de acercarles a una de estas instalaciones y desentrañar cuáles son los secretos que las mismas esconden.

    Aunque existen otros tipos de “minicentrales”, nos referiremos, por ser las más habituales, a una instalación que tiene los siguientes elementos: La instalación comienza con un azud o pequeña presa de derivación que sirve para detraer el agua del cauce del río. Una vez detraído el caudal se hace circular por un canal de derivación que va perdiendo cota muy poco a poco (por gravedad), mientras el cauce del río desciende de forma mucho más rápida. Unos kilómetros más abajo el canal de derivación es introducido en una tubería que desciende de forma muy pronunciada (casi recta) hasta una cámara de carga situada de nuevo a pie de río. Tras pasar por las turbinas que reciben la energía cinética del agua en movimiento y transformarla en energía eléctrica, el agua vuelve al río.

    Se dice que la energía minihidráulica es renovable, no consuntiva, o verde, precisamente por el hecho –nada desdeñable, sin duda- de que el agua detraída vuelve al río. Eso está bien, pero tiene algunos trucos. Básicamente los trucos son:

  • El agua detraída del cauce aguas arriba y el agua vertida aguas abajo no es exactamente “la misma agua”. En ese proceso se alteran notablemente las condiciones físico-químicas del agua. Esto, que podría ser poco relevante en otros escenarios (con las aguas ya notablemente contaminadas), tiene aquí consecuencias no precisamente inocuas. No podemos olvidar que las “minis” se sitúan (por la necesidad de pendiente) en zonas de alta montaña con aguas de altísima calidad química y biológica. En estos prístinos ecosistemas habitan especies animales (vertebrados e invertebrados) que necesitan precisamente de esas características del agua para sobrevivir. IMPACTO 1.
  • El agua que se detrae del río y se hace circular por el canal de derivación, lógicamente, NO CIRCULA POR EL RÍO. Esta realidad que parece de Perogrullo supone, en no pocos casos la total aniquilación de una inmensa cantidad de ecosistemas acuáticos en nuestro país. En efecto, en las cumbres de nuestras montañas, en paisajes de ensueño, no es raro encontrarse cauces de río completamente secos por obra y gracia de estas instalaciones tan verdes, tan inocuas, tan fantásticas. IMPACTO 2.
  • La inmensa mayoría de los azudes de derivación (punto inicial de la minicentral) carecen de algún dispositivo de franqueo que permita a los peces que habitan en ese río desplazarse aguas arriba o abajo del obstáculo. No hace falta ser un experto en peces para saber que los peces se mueven en el río ascendiendo para el proceso de reproducción. IMPACTO 3.
  • Una importante cantidad de estas instalaciones carecen de rejillas o mecanismos que impidan el acceso de la fauna acuática al canal de derivación y al tubo que desemboca en las turbinas. Son muchos los millones de peces que cada año mueren en España “turbinados”. IMPACTO 4.

Podría hablarse mucho más de las derivaciones de cada uno de esos impactos a modo de “daños colaterales” pero creemos que superaría las pretensiones de estas líneas, y lo hasta ahora expuesto evidencia que la energía minihidráulica puede ser muchas cosas, pero desde luego, no es inocua.

Hace muchos años se decía en este país aquello de “la maté porque era mía” refiriéndose a la violencia contra la mujer. Hoy la mera expresión de esta afirmación puede dar con los huesos del interfecto en prisión, o al menos, con una orden de alejamiento.

Quienes se enriquecen (hasta límites insospechados por otra parte) de esta fuente de energía (generada a través de un bien público como es el agua) se amparan a veces para sus fechorías en una legislación tan absurda y obsoleta como aquella que consentía la eliminación del cónyuge. La diferencia fundamental es que en este caso, a pesar de que afirmen lo contrario amparándose en un título concesional, lo matan a pesar de no ser suyo, a pesar de ser NUESTRO.

Es urgente abordar en profundidad la problemática ambiental generada por estas instalaciones y eliminar, por lo civil, por lo penal o por lo militar ese infinito grado de tolerancia que parece existir contra aquellos que se forran a costa de destruir nuestros espacios naturales. Así lo imponen normativas tanto nacionales como europeas (que también son nacionales) aunque parece que los gobiernos las elaboran para que no se cumplan nunca.

Al igual que hoy una ardilla no podría atravesar ninguna de nuestras Comunidades Autónomas, sería muy difícil que un solo pez pudiera recorrer un pequeño cauce fluvial de alta montaña gracias al afán crematístico de unos pocos desalmados.

BASTA YA!!!


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