La finca de Valsemana intentará recuperar al cangrejo autóctono

Fecha 25/2/2006 12:00:00 | Tema: Recortes de prensa

Una astacifactoría producirá, el año próximo, larvas para la repoblación de nuestros ríos.
Cuando el cangrejo señal es ya un hecho irremediable que tiende a expandirse, la investigación da un nuevo bandazo en el sentido de afirmar que la pervivencia del mortífero hongo en los cauces es mucho mas corta de lo que se suponía y que, tras pocos años sin cangrejos, la mayoría de los ríos, arroyos y presas podrían recuperarse para el cangrejo común.

El Boletín Oficial de Castilla y León de fecha siete de febrero sacó a información pública el estudio de impacto ambiental de la astacifactoría que la Junta tiene previsto construir en la finca de su propiedad, situada en el paraje de Valsemana en terrenos pertenecietnes al término municipal de La Ercina. Se pretende con esta iniciativa dotar a la provincia de León, y desde aquí al resto de la comunidad autónoma, de un centro de cría y experimentación del cangrejo de río autóctono que se encuentra al borde de la extinción. Se estima que actualmente sobreviven en la provincia entre 16 y 18 pequeñas poblaciones en lugares a los que no ha llegado la afanomicosis, enfermedad que destruyó la mayor parte de los efectivos que antaño poblaban todos los cauces con aguas de naturaleza caliza. El desastre ecológico que produjo el hongo de la afanomicosis, cuyos efectos devastadores ya se habían producido en otros lugares de Europa, África y Asia, tuvo su origen en la introducción del cangrejo rojo de Luisiana o de las marismas, una especie de crecimiento muy rápido originaria de Estados Unidos y del norte de México. A pesar de los devastadores efectos que ya en 1930 había producido en Japón y años mas tarde en Kenia, en 1.974, fue importado para repoblar aguas de la cuenca del Guadalquivir. Su expansión natural fue vertiginosa en aquellas aguas, pero lo peor de toto fue quizá el hecho de que se comercializase vivo, lo que movió a algunos descerebrados a realizar repoblaciones ilegales en otras cuencas lo que abrió la puerta al desastre.

A principio de los años ochenta ya colonizaba algunos cauces de Castilla y León. A pesar de que este cangrejo no se aclimata en altitudes superiores a los ochocientos metros, la contaminación de las aguas situadas por encima de esa cota pudo producirse en el momento que los pescadores utilizaban los mismos reteles que habían usado para pescar el rojo.


Desastre ecológico



La práctica desaparición, en sólo dos años, del cangrejo autóctono supuso para los aficionados una pérdida irreparable. La tradición familiar que significaba la pesca de este crustáceo y su posterior degustación tiene orígenes ancestrales. El cangrejo rojo, aunque de tamaño similar al autóctono, pesa menos pues su cola y abdomen pueden estar medio vacíos. Además su calidad gastronómica dista mucho de aquél. Desde el punto de vista ecológico el desastre fue total, ya que era una pieza clave en el mantenimiento del ecosistema al ser consumidor tanto de vegetación subacuática como de peces y otros animales muertos.

Durante bastante tiempo la Administración mantuvo serias dudas sobre la conveniencia de repoblar de nuevo los cauces con otro cangrejo, el señal, más parecido al autóctono y que podría ocupar su nicho ecológico. Existía la convicción, y así se explicó en mas de una conferencia, que el hongo de la afanomicosis podría sobrevivir hasta cincuenta años en los lechos de ríos y arroyos a pesar de que no tuviese portadores. En esta situación era preciso tomar medidas y de esta forma se optó por introducir el cangrejo señal en los lugares donde había desaparecido totalmente el autóctono.


El cangrejo señal procede también de América del Norte y más concretamente de la costa oeste de los Estados Unidos y Canadá. Capaz de colonizar aguas mas frías y profundidades mayores había sido ya introducido con éxito en los países nórdicos y mas tarde en Austria, Alemania y Francia como sustituto de sus crustáceos autóctonos también desaparecidos. Inicialmente se introdujo en el Alto Duero y en el Ucero, en Soria. Más tarde en muchos ríos leoneses entre los que se encuentran el Órbigo, Cea, Valderaduey, Bernesga y Torío así como el Sil el Boeza y el Burbia en la comarca berciana. El pasado año se abrieron cuatro tramos con notable éxito de capturas. Pero cuando el cangrejo señal es ya un hecho irremediable que tiende a expandirse la investigación da un nuevo bandazo en el sentido de afirmar que la pervivencia del mortífero hongo en los cauces es mucho mas corta de lo que se suponía y que, tras pocos años sin cangrejos, la mayoría de los ríos, arroyos y presas podrían recuperarse para el cangrejo común. Esta es la historia interminable que, sin duda, todavía dará mucho de que hablar.



Fuente: Diario de León






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