Limpie antes de pescar

Fecha 25/3/2007 9:00:00 | Tema: Recortes de prensa

17/03/2007

A dos meses de levantarse la veda en el río Mandeo, los pescadores libran las orillas de basura y preparan nuevos emplazamientos desde los que lanzar el anzuelo sin obstáculos


A orillas del Mandeo veinte personas se resignan a trabajar sin caña. Son pescadores habituales, vocacionales, de los que esperan el fin de la veda haciendo tachaduras en el calendario. Pero ahora, a principios de marzo, sólo pueden recorrer las riberas del coto de Chelo con azadas, desbrozadoras, hachas y sacos, muchos sacos de plástico. Durante dos fines de semana se dedican a limpiar y a preparar las posturas, desde las que, a partir del 1 de mayo, entonces sí, acudirán con sus respectivas cañas a matar el (doble) gusanillo.

Pero en la Sociedad de Pesca Mandeo limpiar tiene premio. «Por cada día de limpieza tienen tres permisos gratis para pescar en nuestro coto, y los que completen las cuatro jornadas (dos mañanas de sábado y dos dominicales) tendrán preferencia para la primera jornada, la más solicitada». Quien así habla es Antonio Cotos, fundador de la sociedad de pesca, cazador, profesor de matemáticas y otros mil ejercicios que permiten verlo como un renacentista del siglo XXI.

Este año le ha dado la batuta de la presidencia de la asociación a Miguel González. «Lo lógico sería hacer la limpieza justo la semana anterior a la pesca, pero si pedimos que vengan en abril, cuando la mayoría de los ríos están abiertos, aquí no nos viene nadie», comenta González.

Desde la Xunta se incentiva la creación de nuevas posturas, que se consigue sacrificando ramas y espacios de la orilla. «Pero nosotros pensamos lo contrario, tocamos lo mínimo, si quedan ramas en las que se lían los anzuelos, pues que cada pescador se busque la vida, el bueno sabe pescar en cualquier circunstancia», dice Antonio Cotos a su paso por O Felpete , un pozo del Mandeo en el que los salmones hacen la primera parada.

Muy cerca se apilan los primeros sacos llenos de platos de plástico, latas de aluminio y demás basura. Consideran que la limpieza se contagia de manera geométrica. «Cuando la gente no ve basura, no tira basura, así de simple».

Algún pescador-operario transporta un bidón de gasolina para reavivar la motosierra. Si un árbol caído cruza el camino, se extrae el trozo que lo obstaculiza, el resto se deja a capricho de la naturaleza. Es la política del intervencionismo mínimo. Pero en ocasiones la vocación de la caña se impone. Algunas ramas se sacrifican porque acostumbran a enganchar los rapalas (señuelos que imitan peces), «y cada una cuesta ocho euros».

Antonio se encuentra un plástico de la obra del contador de salmones. Se indigna porque, además de llevar años sin funcionar, «ensucia el ecosistema», dice mostrando el plástico negro.

Los utensilios de la cuadrilla que pule las riberas son inútiles para combatir lo que los pescadores consideran los mayores enemigos de la pesca: las minicentrales y los purines. El Zarzo, un afluente del Mandeo, sigue vedado desde hace dos años por la gran cantidad de purines que evacuó una granja, un caso pendiente de juicio. Y las minicentrales provocan estrés en los peces con sus bruscos cambios de caudal. Así, pese al cuidado constante, el año no será fácil. «El Mandeo es un río caprichoso, aquí no vale cualquiera», sentencia Antonio Cotos.

La Voz de Galicia





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