El Gobierno impide una presa en el Navia que afectaría al oso pardo

Fecha 13/7/2012 12:18:57 | Tema: Recortes de prensa

Amparada por una concesión franquista de 1951, dañaría cinco espacios protegidos y sumergiría 15 yacimientos arqueológicos
El Ministerio de Medio Ambiente ha rechazado un nuevo intento de construcción de una cuarta presa en el río Navia, entre Galicia y Asturias, que por sus dimensiones, y según la valoración del Gobierno y del resto de las Administraciones implicadas, habría supuesto un atentado a la biodiversidad de la zona. El embalse de aprovechamiento hidroeléctrico, amparado en una concesión franquista, ocuparía 426 hectáreas que afectarían a espacios naturales incluidos en cinco figuras de protección distintas y habría puesto en peligro la recuperación del oso pardo.
La resolución de Medio Ambiente, firmada hace un mes y publicada ayer en el Boletín Oficial del Estado (BOE), deja claro que “dicho proyecto previsiblemente causará efectos negativos significativos sobre el medio ambiente” y que “las medidas previstas por el promotor no son una garantía suficiente de su completa corrección o su adecuada compensación”.
El Navia cuenta ya a lo largo de su curso con tres presas consecutivas (Arbón, Doiras y Salime) y, de haberse construido la cuarta, de 23,4 kilómetros de longitud justo a continuación, río arriba, de la de Salime, 80 de los 150 kilómetros del río quedarían embalsados.
La presa ahora rechazada era promovida por Saltos del Navia C.B., que cuenta con una concesión otorgada por la dictadura franquista el 9 de febrero de 1951, según Medio Ambiente. Su proyecto contemplaba una presa de 96 metros de altura y una central hidroeléctrica asociada en el lugar de A Fornaza, en A Fonsagrada. El embalse abarcaría también los municipios de Navia de Suarna (Lugo) e Ibias (Asturias). Por su volumen de agua embalsada, 123 hectómetros cúbicos, sería el séptimo mayor de Galicia.
Octavo intento en el mismo emplazamiento
Esta no es la primera vez que Saltos del Navia intenta construir la cuarta presa del río entre Galicia y Asturias. La empresa, participada a pmedias por Endesa e Hidroeléctrica del Cantábrico, ya lo intentó antes en siete ocasiones, según el ministerio: en 1951, 1956, 1964, 1975, 1976, 1985 y 1995, todas con “el mismo emplazamiento, variando únicamente la capacidad del embalse”.
Para el actual intento ahora rechazado, cuya tramitación inició en 2007, la empresa presentó como posibles alternativas los siete proyectos anteriores “que en su momento no fueron autorizados por diferentes motivos técnicos, legales y ambientales, y por tanto, no resultan viables en la actualidad”. Por ello el ministerio critica que realmente no se presentó más que una opción, la estudiada y ahora rechazada.
Por otra parte, la empresa solo analizó el impacto del embalse, al que habría que añadir el del tendido de cables para evacuar la electricidad producida por las cuatro turbinas previstas con capacidad para 150 Megawatios.
La cuarta presa del Navia cuenta con el rechazo de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, el organismo regulador de la cuenca, que considera que “hay una explotación excesiva en el río”. Sin embargo, la autorización ambiental de la obra corre a cargo del Ministerio de Medio Ambiente. Aunque ahora, como en los anteriores intentos, ha negado su autorización, nada impide a la empresa modificar su proyecto y volver a probar suerte dentro de unos años.
La resolución del ministerio que rechaza el proyecto es demoledora. Constata que afectaría a Red Natura 2000 y a cinco espacios de protección ambiental: los Lugares de Interés Comunitario (LIC) Alto Navia y Ancares-Courel, una Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) y las Reservas de la Biosfera de Os Ancares y Río Eo, Oscos y Terras de Burón causando la “eliminación completa” de las 75 hectáreas del primero de los LIC y una “afección directa” a 92 hectáreas del segundo.
El ministerio destaca que el espacio afectado, pese a lo argumentado por la empresa, “es zona de distribución potencial para el oso pardo (Ursus arctos) (en peligro de extinción según el Catálogo Español de Especies Amenazadas) y objeto, en la parte gaallega, del Plan de Recuperación del oso pardo en Galicia”. Además, en esos lugares hay otras especies protegidas, como la nutria o el topo de río, y es “una de las áreas de mayor diversidad e interés de quirópteros en Galicia y el occidente de Asturias, con una presencia de hasta 14 especies diferentes, cinco de ellas en categoría vulnerable”. Igualmente, el embalse sumergiría 15 yacimientos arqueológicos inventariados.
Frente a estos efectos negativos, la empresa hizo una “justificación del proyecto basada en la lucha contra el cambio climático y generación de energía limpia”. También argumentó, según recoge el informe del ministerio, que “la introducción de una nueva presa no supondrá un impacto adicional” porque el río ya cuenta con otras tres.
Pese a sus argumentaciones (algunas sin sustento documental, según destaca el ministerio), los efectos negativos mencionados y otros relacionados con la flora, la geología e incluso la economía fueron rechazados por todas las Administraciones y entidades consultadas, entre ellas los Ayuntamientos afectados y la Xunta, que emitió sus informes en 2008 y 2011.
Medio Ambiente constata en su resolución final que “los organismos estatales, autonómicos y locales, así como las organizaciones ambientales y público interesado que han participado en el proceso de evaluación, se han manifestado informando desfavorablemente a la realización del proyecto, debido a los motivos técnicos, ambientales y legales señalados”. Por todo ello concluye que produciría “una afección ambiental negativa significativa y directa del proyecto”, por lo que lo rechaza.
60 años bajo la amenaza de la presa
Medio Ambiente veta ahora un embalse entre Galicia y Asturias autorizado en 1951
El pueblo de Navia, que temía ser anegado, celebra el fin del proyecto
José Fernández Fernández, alcalde de Navia de Suarna (Lugo), siempre ha escuchado hablar de “la presa”. Cuando él nació, en 1958, el proyecto para construir un salto hidroeléctrico en el río Navia llevaba ya siete años en boca de los vecinos. “Siempre hemos vivido con la amenaza de la presa. En los sesenta, en los setenta, en los ochenta... el tema iba y venía y nadie invertía aquí por miedo”, cuenta Fernández por teléfono. Por sorprendente que parezca, el proyecto, tras sucesivos cambios de diseño, la obra murió el jueves, cuando el Ministerio de Medio Ambiente publicó en el Boletín Oficial del Estado la declaración de impacto ambiental negativa de la presa, promovida por Saltos del Navia, una sociedad al 50% de Endesa y HC.
La historia del salto del Suarna resume la de las obras hidráulicas de España. Planteado en 1951 con una altura de 75 metros, fue elevado en 1956 al proyecto “Gran Suarna”, con 130 metros, que fueron de nuevo ampliados en 1975 hasta los 150 metros. Entonces la obra iba a anegar cuatro poblaciones, entre las que está Navia de Suarna. Era el momento de las grandes presas.
Las obras llegaron a empezar el 24 de diciembre de 1964, aunque fueron paralizadas por la fuerte oposición vecinal. El proyecto fue sufriendo distintos reveses hasta que en 1995, la firma lo planteó de nuevo y consiguió el permiso del Gobierno socialista. Para ello esgrimía que tenía una concesión de aguas del 9 de febrero de 1951 que había sido modificada el 1 de junio de 1963 y que le autorizaba a derivar “todas las aguas del río Navia”. El Ejecutivo entendió entonces que esa concesión franquista era válida y que no necesitaba declaración de impacto ambiental.
El Ayuntamiento de Navia recurrió contra ese permiso y en 2004 el Tribunal Supremo le dio la razón. El fallo estableció que “la construcción del aprovechamiento hidráulico del salto de Suarna debe ser sometido al procedimiento reglado de evaluación de impacto ambiental”, como marcaba ya la normativa europea.
Pero la contumacia de la empresa le llevó a retomar el 22 de octubre de 2007 el proceso de evaluación ambiental presentando un nuevo proyecto ante el Ministerio de Medio Ambiente, esta vez de 96 metros de altura que anegaría parte de los términos municipales de Ibias (Asturias) y Fonsagrada y Navia de Suarna (Lugo).
Como era previsible, un proyecto ideado en 1951 difícilmente cumple con las normas ambientales actuales. Así que la declaración de impacto ambiental supone un varapalo a la documentación presentada. El ministerio considera que
“la justificación del proyecto basada en la lucha contra el cambio climático y generación de energía limpia no es adecuada”, que tendría repercusiones en dos espacios protegidos y en poblaciones de especies amenazadas como el oso pardo cantábrico, la nutria, el desmán de los Pirineos y la madreperla de río. La presa pretendía inundar 15 yacimientos arqueológicos, a lo que la empresa replicó que “la inundación de los yacimientos no supone su destrucción, por lo que considera el impacto como moderado”, según la declaración. Este diario ha intentado, sin éxito obtener la versión de la firma.
En sus alegaciones, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico consideró que “los efectos del proyecto deben calificarse como críticos, ya que el resultado final del proyecto es la desaparición del río, y por lo tanto, ambientalmente inadmisibles”. “No es legítimo alegar que se dispone de una concesión, y que se retrasen las obras durante 47 años”, señalan las alegaciones contrarias.
El Navia cuenta ya a lo largo de su curso con tres presas consecutivas (Arbón, Doiras y Salime) y, de haberse construido la cuarta, de 23,4 kilómetros de longitud justo a continuación, río arriba, de la de Salime, 80 de los 150 kilómetros del río quedarían embalsados.
“Es otro Riaño, pero con final feliz”, señala Pedro Brufao, presidente de la Asociación AEMS-Ríos con Vida —que alegó contra el proyecto— en alusión al famoso pantano que simbolizó la infructuosa lucha ecologista.
El alcalde de Navia de Suarna, el socialista Jorge Fernández, admite que “no tiene mucha explicación” que la negativa llegue ahora, 61 años después, y lamenta el daño causado: “Durante mucho tiempo la gente se retraía y no invertía aquí. A la dificultad de vivir en un medio rural y montañoso se unía la amenaza de la presa”. Y concluye con una pregunta sobre quién va a compensar al pueblo: “Durante estos años ha habido gente que no invirtió aquí por la inseguridad y eso ya no se va a recuperar”.
Adega pide que se anule la concesión de Franco en Navia
“Consideramos que el Estado debería decretar la caducidad de la concesión para impedir que la empresa siga intentando reiteradamente llevar a cabo el proyecto"
La decisión del Ministerio de Medio Ambiente de no autorizar una nueva presa en el río Navia entre Galicia y Asturias ha sido bien acogida por los ecologistas. Sin embargo, el colectivo Adega va más allá y pide que el Gobierno decrete la caducidad de la concesión para aprovechar ese tramo del río, otorgada durante el franquismo y que permite que la concesionaria pueda volver a intentarlo en el futuro.
La presa promovida en el Navia por una empresa propiedad de Endesa e Hidroeléctrica del Cantábrico sería la cuarta del río, afectaría a varios espacios protegidos y pondría en peligro al oso pardo. Ese perjuicio ambiental hizo que el Gobierno rechazase el proyecto la pasada semana por octava ocasión desde 1951, año en que Franco otorgó la concesión.
“Consideramos que el Estado debería decretar la caducidad de la concesión para impedir que la empresa siga intentando reiteradamente llevar a cabo el proyecto y para evitar que la comarca siga soportando las consecuencias negativas […]que por ahora solo animó al abandono y al despoblamiento de la zona”, afirma Adega en un comunicado emitido ayer. “Es difícil de creer que, pese a más de sesenta años de oposición total a esta infraestructura por parte de las poblaciones afectadas, de los colectivos sociales y de las Administraciones, el Gobierno aún no haya cerrado definitivamente las puertas a este proyecto”.




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