El Sió se queda sin agua

Fecha 7/4/2008 8:10:00 | Tema: Recortes de prensa

La fuente del río, el principal afluente de la margen izquierda del Segre, dejó de manar hace varios días

Primero, los pozos. Ahora, los ríos. La sequía pertinaz, duradera, temible, ha dejado sin caudal al Sió, el principal afluente de la margen izquierda del Segre. La fuente en la que nace el río, situada en la pequeña población de Gàver (en Estaràs, Segarra), está completamente seca desde hace ya unos días. Los vecinos aseguran que habría que remontarse 100 años atrás para encontrar el manantial en semejantes condiciones.
Los efectos de la desaparición de la fuente del Sió son eminentemente psicológicos. Los habitantes de la Segarra sabían que las cosas empezaban a estar complicadas, después de tres años sin apenas lluvias, pero nunca imaginaron que llegaría el día en que el Sió se secaría. "Hace no demasiados años, era un río que podía desbordarse en primavera", comentaron la semana pasada unos vecinos. "En esta época del año solían formarse unas pequeñas marismas porque los acuíferos subterráneos que alimentan al río afloraban a la superficie", recordó Josep Maria Carnicé, vecino de Guissona.

Apenas un par de litros
Ahora, la fuente apenas almacena un par de litros de agua, estancados por debajo del nivel del borde. Según Mònica Torné, una de las jóvenes que se han quedado a vivir en Gàver, "el agua, en primavera, suele correr por el suelo empedrado del depósito", de unos 15 metros cuadrados. El Ayuntamiento de Estaràs acondicionó esta zona como área de recreo, dentro de un plan local para dinamizar el turismo en el municipio. "El año pasado, el manantial se mantuvo porque hubo lluvias en primavera", evocó Isidre, un joven ganadero que vive al lado de la fuente.
El Sió, que baña poblaciones como Les Oluges, Agramunt, Montgai y La Sentiu, no ha sido nunca un río caudaloso. Con una longitud de 80 kilómetros, este afluente del Segre, en el que desemboca muy cerca ya de Balaguer, se nutre de las lluvias que caen en primavera y otoño. Históricamente, las aguas se aprovecharon como fuerza motriz para los molinos de los pueblos por los que discurría.
El declive de esta actividad durante la primera mitad del siglo XX y su sustitución por nuevas industrias hizo que el Sió fuera víctima de la progresiva contaminación de sus aguas. Hace ya muchos años que en el cauce del río no se ven los barbos, cangrejos y anguilas que las poblaban.
El Periódico



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