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Recortes de prensa : Peces en ríos revueltos
el 6/3/2006 7:00:00

Pero mira cómo viven los peces en el río… En España, fatal.
De las 70 especies catalogadas, 20 son introducidas.
Y entre las 50 autóctonas, 41 sufren alguna amenaza: invasión de especies exóticas, destrucción del hábitat, contaminación. Son los grandes olvidados de la fauna en peligro.

Pequeños peces de cinco centímetros como el fartet nada tienen que hacer frente a la voracidad de la lucioperca



Ahora sólo el 11% de las aguas de los ríos cumpliría con las estrictas normas de calidad de una nueva directiva de la UE



Los biólogos han sentido alivio con la derogación del trasvase del Ebro




“¿Qué pasaría si en lugar de introducir gamos, muflones y perdices con fines cinegéticos se soltaran tigres y elefantes en las fincas españolas? Pues eso es lo que está ocurriendo en nuestros ríos”. Son palabras de Ignacio Doadrio, investigador en biodiversidad y biología evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y llevan cierto tono de hastío ante la continua vejación que sufren los cauces fluviales y sus habitantes.


Los depredadores que han invadido nuestras aguas interiores son voraces, y arrasan. No hay más que observar la imponente figura con puntiagudas aletas dorsales e incisivos prominentes de la lucioperca y del pez gato punteado, o las dimensiones de un siluro, que puede alcanzar los 2,5 metros de longitud. Si estos tremendos ejemplares procedentes de Asia y del este de Europa incluso han osado enfrentarse a personas, es fácil imaginar lo que harán ante los ocho centímetros del samaruc, los cinco del espinoso o el fartet o el escaso centímetro del pez fraile, todos ellos catalogados en peligro de extinción y apacibles consumidores de pequeños invertebrados y de plantas sumergidas.


De las 70 especies que aparecen en la última revisión del Atlas y libro rojo de los peces continentales de España, 20 son exóticas e introducidas con fines comerciales y deportivos, y entre las 50 autóctonas, 41 cuentan con algún grado de amenaza, incluidas las 18 consideradas en peligro de extinción.


A ello se añade que 30 son especies endémicas de España o de la península Ibérica, dato que subraya la importancia de sus poblaciones, pero también su extrema fragilidad ante las foráneas. Otros pequeños olvidados del medio acuático, los anfibios, sufren en sus carnes similares persecuciones y bajas directas de efectivos.


Las comunidades autónomas, responsables de la gestión de la pesca en los ríos, han frenado la repoblación con este tipo de ejemplares, pero se siguen dando casos de pescadores que realizan sueltas ilegales que acaban adquiriendo carta de legalidad cuando aparecen en el catálogo de especies objeto de pesca de cada región. Lo denuncian tanto Ignacio Doadrio como la Asociación Española para la Mejora de los Salmónidos (AEMS)-Ríos con Vida, fundada hace más de un cuarto de siglo por pescadores comprometidos con la protección y conservación de los ríos y sus recursos. “La gestión de la pesca deportiva en España es nefasta”, afirma Pedro Brufao, vicepresidente de la asociación y doctor en Derecho. “Contra lo que siempre se dice, la caña sí hace daño”, sigue, “en especial en aquellas zonas donde se unen una alta concentración de pescadores y poblaciones exiguas de especies muy sensibles”.


Según denuncian desde AEMS-Ríos con Vida, todavía hoy en Madrid, Aragón, Asturias y Cantabria se realizan concesiones a clubes de pesca para que gestionen piscifactorías de truchas alóctonas sin ningún criterio de sostenibilidad ni de conservación de la biodiversidad, y con un grave riesgo de transmisión de enfermedades y de hibridación con especies autóctonas. En el lado positivo, Brufao destaca “el buen hacer, aunque tímido, de los Gobiernos de Cataluña, Galicia, Andalucía y Castilla-La Mancha; en esta última comunidad han decidido que allí donde se detecta la presencia de la trucha común se prohíbe repoblar con otras”. La voz de esta asociación, premio Nacional de Medio Ambiente en 1998, es la de la experiencia en conjugar pesca y conservación. En 1979 crearon el primer coto de pesca sin muerte, en Peralejos de las Truchas, en el Alto Tajo guadalajareño.


Doadrio, coordinador también del atlas mencionado, da un repaso a los invasores: “Con las carpas, que posiblemente lleven en España desde los romanos, no hay nada que hacer, pero sí es posible acabar con la lucioperca, que supone una amenaza de primera magnitud para la fauna autóctona. Pero, claro, nos olvidábamos del cangrejo de río americano, otro invasor que entorpece la conservación porque es un auténtico cortacésped de la vegetación acuática donde se refugian algunos ciprínidos. Si hasta la nutria se ha vuelto marisquera y come cangrejos…”.


Resulta heroico que en un ambiente tan alterado pervivan especies endémicas que por las condiciones orográficas de la Península (rodeada de mar e hídricamente desconectada de Europa por los Pirineos) presentan un estatus y una evolución muy diferentes a las del resto del continente.


Los peces exóticos introducidos con fines deportivos y comerciales constituyen una de las causas de la regresión de los autóctonos, pero no es la única ni la principal. La destrucción del hábitat resulta aún más sangrante.


Doadrio pone un ejemplo con una de las 10 especies endémicas descritas por él: “Hace quince años, a un alcalde de la vertiente castellano-manchega de Sierra Morena se le ocurrió construir una piscina natural en aguas donde habita la pardilla oretana y para ello se talaron los alisos que utilizaba como refugio exclusivo; la consecuencia es que en la actualidad la piscina ha quedado inservible porque se construyó otra en el pueblo”. ¿Y de la pardilla oretana qué se sabe? “Pues que si en los muestreos que hacíamos en los años ochenta en media hora se obtenían 50 ejemplares, en los últimos cinco años sólo aparecen seis”.


La destrucción del hábitat con cauces regulados al extremo e invadidos, la sobreexplotación del recurso hídrico y la contaminación de las aguas –cada poco sale algún nuevo informe desalentador: en enero, un estudio del Centro de Investigación y Desarrollo de Barcelona encontró restos de 20 fármacos en el río Ebro– pesan tanto o más que la proliferación de especies exóticas. Tamaña presión, soportada no sólo por los ríos, sino también por lagunas, marismas, rías y charcas, hace que las especies más amenazadas de España, incluso más que el lince ibérico y el oso pardo, sean la pardilla oretana, la bogardilla, el samaruc, el fartet, el jarabugo y la loína. Son animales que además tienen la mala suerte de no dejarse ver ni tener el porte suficiente para brillar en revistas o documentales.


El desconocimiento absoluto sobre la conservación de los peces de agua dulce de nuestro país lleva a que la relación más cercana con ellos no pase de las referencias culinarias (salmón y trucha) y deportivas (lucio, carpa o siluros). Pero el ambiente es para echarse las manos a la cabeza. Según un informe reciente de la organización ecologista Greenpeace, sólo el 11% de las aguas superficiales y el 16% de las subterráneas presentan una calidad acorde con los objetivos establecidos por la nueva Directiva Marco del Agua de la Unión Europea. “A rasgos generales, son datos que constatan que no estamos peor que la media europea a pesar del incremento de la población y de los vertidos”, señala Antonio Serrano, secretario general para el Territorio y la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente.


Sin embargo, Luis Barea, responsable de la campaña de Aguas de Greenpeace, echa mano del informe para demostrar lo que nos separa de Europa: “Los cauces están regulados por el número más alto de embalses por millón de habitantes del mundo (30 por millón); se consume la mayor cantidad de agua por habitante y día de Europa (265 litros), y encima es donde menos se paga por ella (0,60 euros por metro cúbico)”.


Antes de 2015, todo esto tiene que cambiar, porque la estricta normativa europea exige que para esa fecha el estado ecológico de los ríos del continente sea “bueno”. El panorama se complica, porque la propia ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, ha reconocido que en la actualidad España no está cumpliendo otra directiva europea, la que obligaba a que antes del 1 de enero de 2006 todas las ciudades de más de 2.000 habitantes contaran con un sistema de tratamiento de aguas residuales. Mala señal con vistas a cumplir con la nueva norma en 2015.


En esa nota final influirá decisivamente la situación de los peces, ya que revelan uno de los indicadores biológicos básicos. Antonio Serrano asegura: “En los nuevos planes hidrológicos de cuenca, que también están inspirados por lo que marca la directiva, se les tendrá más en cuenta, al entender que los ríos son reservas naturales y no sólo suministradores de un recurso esencial para las personas”.


Diversas muestras procedentes de poblaciones de anguilas del río Miño y del delta del Ebro, con análisis de la contaminación con sustancias químicas acumulativas y persistentes en el organismo, parecen indicar que de momento también aquí hay mucho trabajo por hacer. Los resultados, publicados por Greenpeace en el documento Nadando en químicos, dieron uno de los contenidos más altos de Europa en HBCD, un retardante de llama utilizado en textiles, plásticos y aparatos electrónicos.


Además de la contaminación, la fauna fluvial debe sortear otras barreras. Antonio Estevan, consultor ambiental y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua, en una de sus aportaciones al informe publicado por Greenpeace, señala: “La palabra infraestructuras no aparece ni una sola vez en el texto de la directiva, ni la expresión obras hidráulicas, porque está orientada a la gestión, al cuidado de la calidad del agua, a la vigilancia ambiental y a la transparencia de costes en los usos”. Incluso se propone recuperar para la fauna lo ya construido.


Pedro Brufao, que esgrime estudios científicos para constatar que “sólo el 5% del curso de los ríos españoles está libre de algún tipo de alteración”, llega a plantear la necesidad de derribar algunas presas que impiden la migración de especies marinas que utilizan los ríos para desovar, como el esturión, el sábalo, la saboga, la lamprea y la anguila, todas catalogadas como amenazadas. “Hay embalses de producción eléctrica de Endesa, como los de Alcalá del Río y Cantillana en Sevilla, que una vez cumplido su periodo de amortización se podrían eliminar para recuperar al esturión, incluidas sus pesquerías. Algo similar habría que hacer con la de Palombera, en el río Nansa de Cantabria, que puso al borde de la extinción a la población local de salmón”. Otras medidas ensayadas en ríos salmoneros de Estados Unidos, como las escalas y ascensores que permiten a algunas especies salvar las obras humanas, no se han mostrado muy eficaces.


Hablando de trasvases y pantanos se hace preciso recordar el caso de la lamprea de río. Esta especie se extinguió en España tras levantarse la presa de Cedillo, en aguas portuguesas del Tajo. La obra supuso una barrera infranqueable para las poblaciones migradoras que ascendían el río. Al último ejemplar citado se le observó en 1974 en el río Guadarrama, afluente del Tajo, en la localidad toledana de Chozas de Canales, posiblemente incomunicado al ver taponada su salida natural al mar.


Un caso emblemático el de la lamprea de río, pero hay varios ejemplos más de especies que siguen amenazadas ante proyectos de obras hidráulicas. Los expertos prefieren poner el acento en la bogardilla, que reúne todas las características (endémica, reducida área de distribución y en peligro de extinción) para que cualquier regulación artificial de los ríos donde habita (Guadalquivir, Jándula, Robledo y Rumblar) acabe con ella.


Con la derogación del trasvase del Ebro, la comunidad científica respiró aliviada porque muchas de las especies del litoral levantino, en situación precaria de aislamiento y especificidad, no soportarían ya el impacto de la obra y otros posibles de invasión de fauna exótica o descolocación de sus poblaciones.


El comienzo de legislatura tras el cambio de Gobierno llevó implícita la adopción de algunos postulados de la Fundación Nueva Cultura del Agua, en la que se elimina la visión exclusivamente productiva de este recurso. Más que el uso y la cantidad importa la calidad, entre otras cosas porque puede llegar el día en que, sin este parámetro, se agote. Ese espíritu fue el que paralizó también un embalse en el río Almonte que pretendía abastecer de agua a la ciudad de Cáceres, pero que habría dejado malparadas las poblaciones de otros cinco peces endémicos de la península Ibérica considerados vulnerables: el barbo comizo, la pardilla, el calandino, el cacho y la colmilleja.


Estas iniciativas, unidas al Programa AGUA (Actuaciones para la Gestión y la Utilización del Agua) y a la rectificación en la toma de agua del otro trasvase contestado, el del Júcar-Vinalopó, le han valido al Ministerio de Medio Ambiente el reconocimiento momentáneo de la comunidad científica y conservacionista en este asunto, aunque se sigue criticando la construcción de otros embalses, como el de Castrovido, en el río Arlanza (Burgos), o los de La Breña II y Melonares, en la cuenca del Guadalquivir. Las centrales minihidráulicas tampoco son bien vistas por estos colectivos y por los pescadores.


Pedro Brufao, que comenta orgulloso la reciente paralización de 71 proyectos de presas de este tipo en Galicia, subraya: “Suelen construirse en los tramos mejor conservados; por ello, proponemos la alternativa de aprovechar los saltos en los canales de los ríos o en las salidas de las depuradoras”.


Con unos ríos sembrados de toda la colección expuesta de amenazas e impactos y con una regresión evidente de las poblaciones más vulnerables, sorprende observar en el Atlas y libro rojo que la gran mayoría de las especies en peligro de extinción no cuentan con ninguna medida de conservación. Sólo dos especies, el samaruc y el fartet, están reconocidas oficialmente como en peligro de extinción en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, a pesar de que el Libro rojo, editado por el Ministerio de Medio Ambiente, otorga esta categoría a 18 especies. De esta manera, las dos citadas son las únicas que cuentan con planes de recuperación y programas de cría en cautividad. Ignacio Doadrio apostilla: “Con la loína se podrían llevar a cabo medidas similares reutilizando piscifactorías en desuso y conseguir su reproducción sin mucha dificultad”. En general, los peces son muy agradecidos ante las posibles medidas reparadoras del hábitat (delimitar el dominio público, reparar y prohibir vertidos, anular canalizaciones) y sus poblaciones pueden restablecerse con rapidez, mucho más que en un ecosistema terrestre.


Sólo falta que salgan del anonimato esas 30 especies únicas en el mundo que recorren los ríos de España y se haga más pública, mucho más pública, su delicada situación.


Fuente: El Pais Semanal


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